La Peli para esta noche: Stereo, de Cronenberg
Titulo Original: Stereo
Dirección: David Cronenberg
País: Canadá
Año: 1969
Duración: 65 Min.
Género: Ciencia Ficción
Guión: David Cronenberg
Productos: David Cronenberg
Fotografía: David Cronenberg
Montaje: David Cronenberg
Reparto: Ronald Mlodzik, Jack Messinger, Iain Ewing, Clara Mayer, Paul Mulholland, Arlene Mlodzik, Glenn McCauley.
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Sinopsis
A primera vista, quiero decir, en una mirada rápida y despistada, uno puede pensar que el Cronenberg que ha sido capaz de equipararse a Bergman, en sus primeros mediometrajes, tenía la obsesión de convertirse en alguien parecido a Jonas Mekas. Sin duda el realizador vanguardista neoyorkino (y otros tantos como Kenneth Anger o los hermanos Kuchar) influenciaron a un joven Cronenberg, por entonces, con más ganas de expresarse a través de la literatura que del cine (afición que tuvo de dejar al reconocer que siempre acababa imitando a William S. Burroughs o a Vladimir Nabokov, sin duda, excelentes referentes, aunque sea para imitarlos). Pero no, desde luego, el caso de Cronenberg es diferente, por ejemplo, del de Brian DePalma, que primero quiso ser Godard para luego querer ser Hitchcock hasta acabar siendo Brian DePalma, siendo genial la mayoría de los casos.
Cuando David Cronenberg decidió rodar por primera vez en 35mm, ya llevaba a sus espaldas dos cortometrajes rodados en 16mm: Transfer (1966) y From the drain (1967) y tenía ya grabado en la cabeza que su modo de expresarse debía de ser a través del cine. Canadá, en Toronto más concretamente, estaba en un momento dulce para la eclosión de una cierta vanguardia cinematográfica, que no llegó a concretarse mucho más allá de los experimentos de Cronenberg, que posteriormente suavizaría sus formas a la vez que limaba su talento hasta volverlo exquisito; y eso propició a Cronenberg las condiciones económicas necesarias para realizar Stereo. El prestigio del film permitió a Cronenberg obtener más dinero para su siguiente proyecto, Crimes of the future, rodado con más medios pero con simétrico sentido filosófico. Hoy en día, ambos mediometrajes, poseen el valor intrínseco de ser los primeros pasos del autor de Videodrome (1982) e Inseparables (Dead Ringers, 1988), y gracias a ello, son fruto de estudio -sobre todo a nivel académico, los críticos aún tienen que buscar en diccionarios para según que encargos-, por encima de la calidad o intenciones de las películas.
Ambos films son obras de búsqueda, de carácter netamente experimental, donde David Cronenberg juega con muchas de las constantes que perfilarán la autoría que servirá a la crítica para reconocerlo tras el éxito de Inseparables, pues hasta entonces Cronenberg para muchos, era un realizador de serie B con cierta tendencia al escándalo (en Norteamérica, donde no podían concebir a gusanos híbridos de enfermedad venérea y afrodisíaco, o penes sobaquiles creadores de zombies con un potenciado apetito sexual). Experimentos, casi juegos, donde Cronenberg perfila mundos futuros, como hiciera Godard en Alphaville (1965) o como haría Tavernier en La muerte en directo (La mort en direct, 1980); donde las corporaciones de carácter medicinal y/o tecnológico ya se mostraban tan amenazadoras (e incluso apocalípticas) como las que aparecerían posteriormente en Scanners (1980) o Videodrome. Ambos mundos futuros son asépticos, casi congelados, en palabras del realizador: «Creo que tanto Stereo como Crimes of the future tal vez estén sucediendo bajo el agua.
Sin duda se tiene la sensación de estar viviendo en un acuario», potenciados aún más por la peculiar forma que poseen ambas obras, donde la arquitectura y el vacío espacial abotargan la acción de las cintas. En Stereo, Cronenberg ralentiza la imagen sin hacer uso del movimiento, colocando fotogramas segmentados como de fotografías consecutivas, y en ambos films elimina el sonido directo, únicamente presente por una voz en off que nos informa a través de complejas reflexiones científicas y filosóficas. En Crimes of the future además incluye una segunda banda sonora que haría las delicias de David Lynch: todo tipo de sonidos subacuáticos y maquinales, que añaden aún más distorsión a lo narrado.
Films de ciencia-ficción en nada ajenos a cierto toque surrealista, donde la dispersión de la realidad circula a través de extrañas clínicas (Academia Canadiense de Investigación Erótica, Instituto de Enfermedades Neovenéreas, Grupo de Pedicura Oceánica y Casa de la piel) con unas tramas de carácter tumoral: Seis jóvenes operados por Inducción Biológica que experimentan con la telequinesis y el sexo —Stereo— y en un mundo donde las mujeres están desapareciendo por culpa de un cosmético, un joven se une a un grupo de pedófilos para secuestrar y violar a una niña —Crimes of the future—… Tramas rocambolescas que en imágenes parecen inmóviles, violentadas por enfrentamientos sexuales o contactos fetichistas podológicos, ambos protagonizados por el amigo de Cronenberg, Ronald Mlodzik, una suerte de andrógino que vehicula la trama sin aparente evolución (Mlodzik sería el director del complejo hotelero de Vinieron de dentro de…). Películas complejas, difíciles, pero extrañamente hipnóticas, se han de tomar como el exceso vanguardista de un realizador más interesado en encontrar su propia filosofía que en demostrar nada a nadie. Films invisibles, de difícil recuperación, merecen la oportunidad de sucontemplación, ya no sólo para visualizar los signos de un autor y su evolución a través de las películas, sino por el puro disfrute que es asistir a un evento que te supera, a un film de carácter tan extremo (y con todas las imperfecciones que se le quieran buscar) que te apabulle, te engañe, te someta y te acabe venciendo.









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